Por qué no debemos idealizar a las personas

Cuando decides que una película es tu preferida, amas cada parte de ella, la puedes ver cien veces y hasta te sabes de memoria algunos diálogos. Porque es la mejor película del mundo y todos deberían ver lo increíble que es. O quizás hasta te da celos que alguien más ame a tu banda preferida, porque es tuya, porque solo quieres compartirla con la gente que quieres y nadie más. Porque te sabes cada parte de cada canción de memoria y cada letra te parece arte.

Pasa con las películas, la música, los libros, y las personas. Todos en algún momento idealizamos algo. O a alguien.

Cuando idealizás crees que lo que tienes en frente es lo mejor del mundo. Cuando idealizas no reconoces defectos, dejas pasar todo lo malo, crees que no puedes vivir sin eso que amas, crees que eres un afortunado por tenerlo en tu vida, por haberlo descubierto, y dejas de lado el sufrimiento, crees que vale la pena sufrir por sostener a esa persona cerca tuyo, crees que el amor vale el dolor. Pero idealizar está mal, y el amor que lastima no es amor.

Porque cuando idealizas no estás queriendo a la persona exactamente como es, sino como tú prefieres que sea porque cerraste los ojos para evitar ver la realidad, como cuando negas una situación que sabas que existe, o te negas a ver cualquier cosa negativa en alguien.

¿Y a quién puede gustarle ser idolatrado?

No te quedes con el que te mire y te jure que no existe nada, absolutamente nada malo en ti, no elijas al que te hace sentir superior a todos y no te corrige los errores, porque no los quiere ver. Quédate al lado del que te besa las cicatrices, el que te pone a prueba para que seas tu mejor versión, el que ve todas tus cosas buenas, y también ve esas que no son tan buenas, y lejos de hacer como si no existieran o de humillarte por ellas, te ayuda a mejorarlas desde un lugar cálido y dulce, que te genera confianza. Quédate con el que te quiera por lo que sos, y no por lo que cree que sos.

No te quedes con el que te hace sentir superior obviando tus partes oscuras, y tampoco con el que te hace sentir inferior remarcándote los errores, sino con el que te hace sentir un par. Con el que observó todo en ti y decidió quedarse porque te ama así de imperfecto, porque así sos perfecto para su corazón.

Porque cuando alguien te ama por lo que eres en serio, sin menospreciarte ni sobrevalorarte, te sientes cómodo, sin tener que defenderte de ningún ataque, ni tener que estar a la altura de lo que creyeron que eres. Y sentirte cómodo con alguien es sentirte tú mismo. Y sentirte tú mismo es parecido a ser feliz.

Por: Sol Iannaci – TwitterInstagram

 

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