Hay que aprender a quererse

La vida te va a golpear, eso es un hecho. Te va a sacudir, a provocar, a desafiar. Te va a hacer replantearte toda las cosas que creías tener claras, las que solías querer para siempre. Te va a hacer preguntarte quién eres realmente, qué buscas, y que no. La vida va a tirarte al piso más de una vez, y para levantarte vas a requerir una fuerza nueva, mayor de la que creías tener. Una que siempre estuvo ahí sin que lo supieras, para que quién se para luego de la caída jamás sea la misma persona anterior al derrumbe. La vida te va a probar, va a lograr que te cuestiones tus propios límites, que cada vez que digas “no puedo” y sigas, te des cuenta que siempre pudiste, que cada vez que superes algo insuperable, entiendas que rendís más de lo que creías llegar a lograr. La vida va a hacer que pierdas la seguridad en ti mismo y te odies, por un tiempo, hasta que te aprendas a querer como la versión que eres ahora, después de la incertidumbre, de los miedos, de la tristeza.

Te vas a aprender a querer otra vez, vas a empezar de cero. Vas a darte cuenta que todo lo que creíste en algún momento no existió, vas a sentir que viviste en una farsa, para después acostumbrarte a tu nueva realidad, para descubrirte a ti mismo como el que eres después de la tormenta, para volver a construir tus creencias y gustos otra vez, saber que toleras y que quieres evitar, redescubrir lo que piensas, crecer y adaptarte a los cambios, y elegir el camino que se adecúe a lo que ahora quieres y a lo que ya no quieres para ti.

Te van a llamar hipócrita, porque cambiaste. Porque elegiste priorizarte, porque elegiste priorizar a la gente que te hace bien, porque te diste cuenta que decir que no es sano y que ya no quieres rodearte de nadie que no se amolde a lo que le suma sonrisas a tu felicidad. Te van a llamar hipócrita porque no te entienden, porque no saben lo que significa tener que agarrar tus cimientos y rearmarte desde el desastre, pero con la oportunidad de quedar más firme, más bello, más valioso que antes, ahora que sabes que partes en vez de sostener la edificación, la desestabilizan, y que lugares de ti mejorar para evitar volverte a desmoronar.

Te van a querer igual, los de siempre. Esos que se adaptan a ti como la vida te haya hecho ser. Van a admirarte por las cicatrices de todas esas cosas que pudiste superar, que te hicieron la persona que eres, que no es la misma que eras, porque nadie es el mismo después del dolor. Te van a aceptar con tus nuevas ambiciones, tus nuevos deseos, tus nuevas opiniones, te van a amar por lo que hiciste de ti.

Y tú, te vas a volver a aprender a querer, porque la vida es eso, enseñanza. Te vas a dejar de culpar por lo que otro te hizo o por el mal que te causó. Te vas a dar cuenta de tu valor, que es el mismo antes y después de cualquier cosa que haya cambiado a tu alrededor. Te vas a admirar las heridas, las vas a hacer sanar, te vas a tocar y no te va a doler, no vas a esconder ni ocultar ninguna guerra que hayas ganado, porque estás vivo, porque esa es la única oportunidad que necesitás para reencontrar la felicidad. Vas a descubrirte distinto, pero tu esencia va a ser la misma. Vas a reírte de las mismas tonterías, pero ya no cualquiera te va a hacer llorar. Vas a decirte gracias, y un día vas a tomar fuerza y te vas a mirar. Y quizás lo que veas te encante, quizás todo lo que tuviste que padecer valió el esfuerzo, porque la vida te va a golpear. Pero cuando aprendas a defenderte vas a sonreírte e ir en busca de tu felicidad, porque ya no vas a admitir cerca tuyo nada ni nadie que la vida te haya enseñado, que te va a lastimar.

Por: Sol Iannaci – TwitterInstagram

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