Dios no cree en los accidentes

Dios no cree en los accidentes. Las cosas no “simplemente suceden”. No conocemos a las personas por accidente. Dios los pone en nuestro camino por una razón, para edificarnos o para derribarnos. La gente va y viene, y aprendemos algo de todos, aunque tal vez no sea una gran lección de vida. Algunos pueden venir a nuestras vidas solo para enseñarnos a trenzar nuestro cabello; otros podrían mostrarnos algo que no sabíamos acerca de nosotros mismos. Algunos se quedan mucho tiempo, otros simplemente se van. Algunas lecciones son dolorosas, otras son indoloras, pero todas son invaluables.

Cada viaje es único en su clase. Recibimos momentos llenos de felicidad, experiencias llenas de lágrimas, peleas inconmensurables y momentos que no se pueden comprar ni olvidar.

A veces las mejores relaciones se vuelven tóxicas. Queremos que la gente salga de nuestra vida, pero más tarde queremos que vuelvan. Salimos sin explicaciones. Nos acercamos y, a veces, nuestros esfuerzos son en vano. Nos duele, lloramos. Fingimos cuando creemos que está bien hacerlo. Nos devastamos y caemos, pero nos levantamos de nuevo.

Pasamos por altibajos, pero esos no son accidentes. Lloramos y enfrentamos problemas que nunca pensamos enfrentar. Creamos historias y nos aferramos a los deseos. Creamos recuerdos que nadie nos puede quitar. Son piezas que poco a poco comienzan a formar lo que somos.

Todos los días aprendemos algo nuevo. Amamos a las personas equivocadas y, a veces, nunca dejamos de amarlas. Nos dejan una marca. No importa cuánto nos lastimemos, un día el dolor nos ayudará a mirar hacia atrás y darnos cuenta de las luchas que nos hicieron más fuertes.

Tenemos que seguir corriendo la carrera y seguir adelante, aceptando cambios en nuestra vida y en las personas. Tenemos que esperar la próxima ronda de recuerdos. Nuestro dolor nos hace fuertes. Nos forma.

A pesar de todo, tratamos de estar agradecidos por cada oportunidad y persona que llegó a nuestras vidas y los buenos sentimientos que permanecerán en nuestros corazones para siempre. Nos marchamos, incluso si es lo más difícil de hacer.

La lección más importante que he aprendido es que el amor no se trata solo de obtener lo que quieres y hacer lo mejor para ti. A veces se trata de dejar ir algo que amas.

Estos no son accidentes.

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